La primera exportación se realizó en 1789 y consistió 233 sacos. De 1830 al 31 la producción se incrementó a 254.540 quintales y en los siguientes veinte años esta se elevó a más del triple, alcanzando 837.170 quintales en el ciclo 1850-51. A este arranque de la caficultura venezolana contribuyó especialmente la llegada desde Brasil de nuevos cafetos de las variedades Caturra, Catuaí y Mundo Novo, arbustos, todos ellos, con una mayor capacidad productiva y una mejor adaptabilidad a las zonas con poca sombra.

A finales de la década de los veinte y comienzos de los treinta del siglo pasado, Venezuela se convirtió en el tercer exportador del café producido desde México hasta la Patagonia y en el tercer proveedor de los Estados Unidos. Algunos autores, incluso, sostienen que a comienzos del siglo XX Venezuela era el máximo proveedor mundial de cafés suaves.

Sin embargo, y a pesar de este excelente historial como productor y proveedor de granos de alta calidad, Venezuela ha sido durante la última década, incapaz de desarrollar el cultivo del café a la par de otros países, condenando, así, a su aromático a un discreto segundo plano dentro del competitivo mercado internacional. Así, parece lógico pensar, que únicamente una buena política de promoción del café que incluya, entre otros muchos puntos, la mejora sustancial de las condiciones de producción y comercialización de los granos o la promoción del café entre el propio consumidor nacional, podrá devolver a Venezuela los puestos de privilegio que años atrás ocupó en el panorama cafetero internacional.

Este país centroamericano produce mayoritariamente café arábica de la variedad Typica. El aromático venezolano es un café ligero, suave, delicado y no muy ácido. Dentro de su gran variedad, tiene un contenido medio en cafeína de alrededor de un 1,3% y una gran calidad, sin características acusadas de ningún atributo. Los cafés de la zona de Mérida son los más suaves y parecidos a los buenos colombianos.

El cultivo de café en Venezuela se extiende a lo largo y ancho del país, desde los valles centrales e intermontanos hasta las costas del Mar Caribe y los Andes, donde, tanto en la vertiente oriental como en la occidental, se concentran la mayoría de los cafetales. Según un informe del Ministerio de la Producción y el Comercio Venezolano existen en el país 145.000 hectáreas de las 247.000 aptas para ello dedicadas a la caficultura.

Estos terrenos se encuentran en zonas sombreadas, generalmente, a alturas entre los 400 y 1.000 metros, aunque los mejores cafés venezolanos se producen a 1.800 metros. Los cafetales, son explotados por pequeños productores, alrededor de unas 30.000 familias. Cada finca cuenta con una media de 5,5 has y una producción de 400 Kg./hectárea. El trabajo en los cafetales se realiza de manera esencialmente artesana, desde la preparación del terreno y siembra, hasta la recolección del grano.

En las parcelas familiares, son los propios miembros de estas los que realizan las tareas y únicamente se contratan jornaleros para la cosecha. Se estima, además, que otras 10.000 familias viven del beneficio y comercialización posterior de este producto.
Tomando café en Venezuela

En Venezuela existen cafeterías modernas y bien instaladas, así como minúsculos establecimientos que, presentes por todas partes, sirven café, a la vez que ofrecen una variada oferta de bollería y pastas dulces.

En el momento de entrar en cualquiera de estos tipos de locales, si lo que nos apetece es un expreso corto, deberemos pedir un “café negro” o “negrito” y no confundirse con el “guayoyo” que es un café sólo, pero colado, tipo filtro o americano. El “guarapa” con pan, es el desayuno de muchos venezolanos. Un café “cerrero” significa un café muy fuerte. Nuestro cortado sería un “marrón oscuro” o un “marrón claro”, en función de la cantidad de leche añadida. Si este último producto es el que predomina en la taza, como en el café con leche, se le denomina “tetero”, en alusión al biberón.