Una de las delicias más representativas de la región andina venezolana es la famosa chicha andina, una bebida espesa elaborada a base de arroz, guarapo de cáscaras y pulpa de piña que se endulza con un almíbar de papelón, canela, clavos de olor y guayabita dulce. El toque de la piña le aporta la fermentación a la preparación, lo cual le da un toque muy especial.
 
Curiosamente en Venezuela existe otra versión de la receta, la chicha criolla que no contiene alcohol y se elabora a base de arroz, leche, canela y se endulza con azúcar y leche condensada. Es una bebida deliciosa que evoca los gratos recuerdos de la niñez y la juventud, y que hoy día aún puede disfrutar en las plazas, calles o parques venezolanos donde seguramente encontrará un típico carrito de chichero.
 
El término chicha hace referencia a una bebida alcohólica de origen precolombino que se obtiene de la fermentación de granos y cereales como el maíz o el arroz, la cual era elaborada por las tribus indígenas como parte de rituales para ofrendar a sus dioses. En Venezuela esta receta fue originaria de las tribus indígenas quienes la transmitieron entre sus propias comunidades y a los colonizadores europeos y los criollos. Durante las fiestas coloniales se disfrutaba de esta bebida y en la época de la guerra de independencia sirvió como alimento de las tropas.
 
Con el transcurrir del tiempo, la tradicional chicha se convirtió en una preparación típica de los estados andinos, de allí su nombre. Basta con moler el grano, añadir guarapo de piña y dejarlo fermentar hasta obtener el punto ideal para que no quede tan fuerte, por lo que se recomienda refrigerarla. En el Táchira, un estado andino venezolano se acostumbra añadirle un toque de jugo de limón.